Los creyentes, cuyo único objetivo en esta vida es alcanzar la complacencia, la misericordia y el Paraíso de Allah, y que se someten a Allah de todo corazón, vivirán toda su vida por Él. Tal como se expresa en “Di: ‘Mi oración y mis ritos, mi vida y mi muerte, son solo para Allah, el Señor de todos los mundos.’” (Corán, 6:162), aspiran a alcanzar la complacencia de Allah en todo lo que hacen y en cada ocasión. Emplean todo lo que poseen en su lucha por lograr esta meta. Las personas que reconocen todos los atributos de Allah, que son testigos constantes de Su poder, Su grandeza, Su misericordia, Su amor y Su compasión, y que sienten el amor de Allah en cada momento, tienen un amor que no puede compararse con ningún otro tipo de amor. Allah describe este amor como un amor “mayor”, mientras que el amor deformado de los idólatras se describe así:
Hay personas que ponen a otros como iguales a Allah y los aman como deberían amar a Allah. Pero los que creen tienen un amor mayor por Allah.
Como menciona el versículo anterior, algunas personas asocian copartícipes a Allah y aman a otras criaturas con el amor que solo a Él deberían dar (Allah está ciertamente por encima de eso). Los creyentes, en cambio, saben que ninguna persona ni ninguna parte de la creación posee fuerza o belleza propias, pues es Allah Quien las creó todas de la nada.
Ningún ser vivo puede diseñar ni preparar su propia belleza. La belleza del rostro de una persona o el carácter adorable de un animal, la duración prevista de su vida y el momento de su muerte, así como todo lo demás que les concierne, es creado por Allah, y toda belleza existe únicamente por Su mandato. Así, los creyentes amarán esa belleza tal como se refleja en las personas, los animales y la naturaleza, conscientes de esta realidad. En consecuencia, el amor del creyente se dirige directa y únicamente a Allah, que provee todas estas cosas y que posee todas las cosas.
Nuestro Profeta nos recordó también que el amor que sentimos entre nosotros debe ser por Allah:
La mejor acción es amar por Allah y odiar por Allah. (Sunan Abu Dawud)
Quien ama y odia por Allah, y quien sella una amistad o declara una enemistad por Él, recibirá por ello la protección de Allah. (Sahih Muslim)
Quienes asocian copartícipes a Allah suponen que cada persona es dueña de su propia belleza, y por eso alaban esa belleza. Es como una persona que asiste a una exposición de arte y atribuye la belleza de los cuadros a la obra misma, cuando quien merece esa alabanza es el artista que los pintó. Ante esta verdad, las personas que se encuentran ante un paisaje hermoso, un sonido agradable o una comida deliciosa deberían pensar de inmediato en nuestro Señor, el Creador de todas estas cosas hermosas, y dirigir hacia Él el amor, el placer y la gratitud que de ello resultan. Quienes tienen una fe verdadera y, por tanto, no asocian copartícipes a Allah, tienen un fuerte vínculo de amor con Allah, porque saben que todo lo que poseen Le pertenece.
Allah nos informa de que el Profeta Abraham advirtió a su pueblo idólatra en los siguientes términos:
Él [Abraham] dijo:
“Habéis adoptado deidades aparte de Allah como muestras de afecto mutuo en este mundo. Pero el Día de la Resurrección os rechazaréis y os maldeciréis unos a otros. El Fuego será vuestro refugio. No tendréis quien os auxilie.”
Así pues, el “afecto” entre quienes asocian copartícipes a Allah se convertirá finalmente en un gran odio en la otra vida. Al olvidar Su existencia, se hacen perder unos a otros el objetivo entero de su vida. En respuesta, Allah convierte su amor y su cercanía idólatras en eterna repugnancia y malicia en la otra vida.
El Corán menciona a las personas que anteponen las ganancias mundanas y la aprobación y el amor de los demás a la búsqueda de Su complacencia:
Di: “Si vuestros padres, vuestros hijos, vuestros hermanos, vuestras esposas o vuestra tribu; los bienes que hayáis adquirido; un negocio cuya decadencia temáis; o una casa que os agrade, os son más queridos que Allah y Su mensajero y que la lucha en Su camino, esperad hasta que Allah traiga Su orden. Allah no guía a la gente desviada.”
Quienes tienen fe reconocen que todos los bienes de este mundo pertenecen a Allah y, por tanto, los aman porque son una manifestación de Él. Por ejemplo, el mayor amor, la mayor cercanía y la mayor amistad que sienten serán hacia los demás creyentes, que muestran la buena moral que complace a Allah. Este amor no depende de la raza, la nacionalidad ni de ningún otro interés propio. Tampoco depende del dinero, la posición, la cultura o siquiera el valor material, pues nada de ello tiene un valor real. Allah describe así el amor entre los creyentes:
Los que ya estaban establecidos en la morada [Medina] y en la fe antes que ellos aman a quienes emigraron hacia ellos; no encuentran en sus corazones necesidad alguna de lo que a estos se les ha dado; y los prefieren a sí mismos, aunque ellos mismos pasen necesidad. Quienes están protegidos de la avaricia de su propia alma son los triunfadores.
Como se ha mencionado, los creyentes aceptarán a todos los demás creyentes como hermanos y hermanas. En consecuencia, para asegurar el bienestar de los creyentes, los demás creyentes harán con gusto los sacrificios necesarios para lograr ese objetivo. Un amor mutuo así solo es posible teniendo fe y viviendo según la moral del Corán.
Nuestro amado Profeta subrayó la importancia de este amor y el rango superior de los creyentes que viven una vida de amor genuino:
El Profeta dijo: “Allah dijo: ‘Quienes se aman unos a otros por Mi gloria tendrán púlpitos de luz, y los profetas y los mártires desearán tener lo mismo.’” (At-Tirmidhi) Allah concede el amor, una bendición muy importante, a los creyentes. Lo vemos en el caso del Profeta Juan, acerca del cual se revela en el Corán lo siguiente:
Juan, toma el Libro con firmeza. Le dimos el juicio siendo todavía un niño, y afecto y pureza de Nuestra parte; tenía temor [y respeto].
Aquí debemos centrarnos en otro punto importante: quien ama con el fin de obtener la buena aprobación de Allah debe amar a la persona que posee las cualidades morales más elevadas, que está más cerca de Allah y que tiene el mayor grado de piedad. Por esta razón, para todos los creyentes nuestro Profeta es el amigo más digno de amor y el más cercano.
El amor genuino solo puede vivirse junto con la moral del Corán
Las personas que se entregan de todo corazón a Allah sienten en su interior amor y emoción ante todas las cosas hermosas que Él ha creado: una flor, una mariposa, un pájaro, un gato o incluso un hermoso paisaje. Del mismo modo, las personas que se atienen a la moral del Corán o una persona de rostro agradable a la vista despertarán en ellas un asombro sincero, porque todo lo que ven lo consideran una manifestación de Allah. El amor desbordante que sienten hacia Allah hará brotar en su alma un afecto y un amor naturales por todo aquello en lo que se manifiestan Su belleza eterna, Su obra maestra, Su sabiduría y Su poder. Solo estas personas experimentan el amor “verdadero” en sentido espiritual.
Los valores morales del Corán constituyen la base del amor verdadero, pues solo ellos pueden inspirar a una persona a amar profundamente a otra por su moral, su personalidad y todas sus características individuales. Al llevar una vida así, que les gana la complacencia de Allah, adquirirán muchas cualidades hermosas y dignas de amor. Sabiendo que “Las buenas acciones que perduran son mejores ante tu Señor, tanto en recompensa como en desenlace” (Corán, 19:76), perseveran en todas estas hermosas cualidades morales. Cualidades como la fidelidad, la veracidad, el respeto, el amor, la humildad, el sacrificio, la honestidad, la tolerancia, el perdón, la misericordia, la dulzura de carácter y la valentía solo pueden ser constantes viviendo una vida de temor reverencial y respeto hacia Allah y ateniéndose a los valores morales del Corán. Lo mismo ocurre con el amor. La base de este amor es tener fe y respeto por Allah e interiorizar la moral del Corán, dos cosas que harán que amen a los demás por Allah con un amor fuerte y profundo. Las amistades que de ello resulten con otros creyentes conducirán, en la otra vida, a amistades eternas.
El nivel superior de valores morales de un creyente sincero le asegurará una alta estima en la Presencia de Allah y a los ojos de sus hermanos creyentes. Estos creyentes solo esperarán y anhelarán el amor y la complacencia de Allah. A cambio, Allah hará que estos creyentes sean amados por Él y por los demás creyentes, que se les conceda luz y belleza, y que otras personas sientan afecto por ellos.
Malentendidos sobre la verdadera naturaleza del amor
Las personas que no siguen la moral del Corán tienen una comprensión equivocada del amor. Por mucho que crean llevar una vida llena de amor y respeto hacia los demás, estas relaciones se apoyan, en general, en bases inapropiadas y engañosas.
A continuación examinaremos algunas de ellas.
El amor idólatra entre un hombre y una mujer Los ejemplos de amor basado en un pensamiento idólatra se encuentran fácilmente en las relaciones entre hombres y mujeres. Algunas personas dirigen su amor y su devoción hacia otras personas que son, en esencia, débiles, en lugar de dirigirlos hacia Allah. A veces hacen de otra persona el objetivo de su vida, mencionan su nombre siempre que pueden e intentan ganarse su amor. Esa persona será el centro de su atención durante todo el día. O bien piensan en ella toda la noche y por eso no pueden dormir. En lugar de buscar la complacencia de Allah, se esforzarán solo por complacer a esa persona en particular, aunque ello signifique hacer algo que viole la moral del Corán y los límites que Allah ha establecido para la humanidad. Harán cualquier sacrificio por esa persona, pero no harán ningún esfuerzo por alcanzar la complacencia de Allah. En otras palabras, convierten el objeto de su atención en una pequeña deidad. Por eso algunos poemas, escritos o incluso conversaciones románticos afirman que el autor “adora” al objeto de su afecto. Esta comprensión errónea del amor, que asocia a otros con Allah, está prohibida, pues el amor a Allah es un tipo de amor mucho más fuerte y superior:
Recordad a Allah como solíais recordar a vuestros antepasados, o incluso más.
Si alguien ama cualquier otra cosa, ya sea una persona, un objeto o una idea, más de lo que ama a Allah, caerá en la idolatría y se acercará al Infierno. Sorprendentemente, mucha gente no ve la verdad de esta afirmación y por eso persiste en su idolatría.
Evidentemente, amar a otras personas, preocuparse por su bienestar y proteger con amor a la propia familia y a los parientes son actos admirables y bendiciones que Allah concede a las personas. Este amor, cuando se basa en el amor a Allah, asegura que la persona alcance la felicidad en ambos mundos. Si ese amor no se basa en el amor a Allah, las personas sufrirán dolor y angustia en ambos mundos. Allah nos informa de que este segundo grupo de personas intentará, en la otra vida, rescatarse del Infierno ofreciéndose unos a otros como pago:
El malhechor deseará poder rescatarse del castigo de ese Día a cambio de sus hijos, su esposa, su hermano o la familia que le dio cobijo, o de todos los que hay en la Tierra, con tal de poder salvarse.
El Día en que el hombre huya de su hermano, de su madre, de su padre, y de su esposa y sus hijos. Ese Día, cada uno de ellos tendrá bastante con sus propias preocupaciones.
Algunas relaciones, de forma consciente o inconsciente, se basan en el interés propio. Algunas personas que sienten emoción al conocer a alguien de quien esperan obtener un beneficio interpretan esa emoción como “amor”. Sin embargo, en realidad no es más que un “deseo afectado” de lo que esa persona tiene. De hecho, ese amor depende a menudo del nivel de riqueza y de posición de la persona “amada”. La riqueza emociona a la gente, y por eso la mayor emoción se siente hacia la persona más rica. Como se ha dicho, este tipo de emoción no es sino un apego a los intereses mundanos. A los ricos no se les “ama” principalmente por su moral y sus cualidades, y por eso siempre parecen tener muchos “amigos”, aunque se enfaden con facilidad o sean groseros, egoístas, ilógicos, despiadados, siempre en busca de ganancias, insinceros o incluso desconsiderados.
Algunas personas quieren estar con quienes las entretienen: “Quien me quiera debe ser capaz de hacerme reír.” Como resultado, la cercanía que resulta se basa en un interés propio engañoso, pues disfrutar de la compañía de alguien que te hace reír y sentirte feliz no es lo mismo que amar a esa persona. Sin embargo, como mucha gente confunde con amor el alivio que siente por haber obtenido algo, afirma que ama mucho a esa persona.
Otras personas suponen que estar rodeadas de gente buena elevará su estima. Por eso elegirán como amigos a personas “buenas”, fijándose en sus rasgos físicos, como la estatura o el color de los ojos y del cabello. A menudo, estas personas solo ven la belleza física del otro, no su inteligencia, su conciencia ni sus cualidades.
No consideran importantes estos aspectos porque afirman que su amor las ha “cegado”. Sin embargo, ese “amor” significa: “Amo la estima que me reporta la belleza de esta persona.” Aparte de su belleza, el espíritu de esa persona no significa nada para ellas. Solo porque es hermosa, pueden pasarse por alto por completo muchas particularidades inapropiadas e indeseables, como ser despiadada, insensible o desdeñosa.
Otro tipo importante de interés propio es intentar asegurarse el futuro casándose. Mucha gente teme vivir sola, no poder mantenerse o no tener a nadie que la cuide cuando esté enferma. Algunas personas buscan eliminar todos esos temores casándose. Por esta razón se aferran a la persona más prometedora en este aspecto y se convencen de que se han “enamorado”.
Durante el resto de su vida comparten con vecinos y parientes sus penas y sus quejas sobre su cónyuge. Pero cuando se les pregunta por qué siguen con esa persona, afirman que la aman mucho. Sin embargo, el Corán y su sistema de valores dicen que el amor no debe esperar nada a cambio. Las personas deben amar a los demás con sinceridad, lo que implica sacrificio personal y no esperar nada a cambio, porque esa persona es una manifestación de Allah. Nunca deben hablar mal de ella a sus espaldas, sino que, como fruto de este amor sincero, solo deben hablar bien de ella. No “toleran” a los demás por obligación, pues se tratan unos a otros con compasión y misericordia, cubren sus faltas, procuran que se sientan a gusto y atienden cada necesidad lo mejor que pueden. El amor sincero, la amistad y la cercanía se demuestran mejor con estas acciones.
El amor pasajero y de corta duración
El amor que no se basa en el Corán será inevitablemente de corta duración. Por ejemplo, es bastante habitual que la gente sienta antipatía o malestar hacia los demás cuando se da cuenta de que no puede obtener ningún beneficio de esa persona. Del mismo modo, aquellos a quienes algunas personas decían amar antes se convierten en personas a las que tienen que tolerar si han sufrido algún problema físico. Por ejemplo, pueden dejar de amar a una persona si esta queda desfigurada por un accidente o una enfermedad. El matrimonio de una pareja “perfecta” puede derrumbarse de la noche a la mañana cuando uno de los cónyuges enferma de forma terminal, sufre algún desastre personal o profesional, o ya no es tan hermoso o tan rico como antes. A veces, a pesar de la belleza física o la riqueza del cónyuge, la pareja se divorcia porque ya no “ama” al otro después de haber visto su debilidad durante la enfermedad. Del mismo modo, aunque parecían llevarse bien en los días en que tenían bienes y riquezas, algunas personas pierden inevitablemente el amor y la cercanía que sentían entre sí cuando sus respectivos bienes y riquezas se esfuman.
En esencia, el amor verdadero nunca debería disminuir, sino solo aumentar con el paso del tiempo. Una mujer que valora a un hombre por sus valores morales descubre que su amor por él aumenta a medida que sus buenas cualidades se hacen cada vez más evidentes. Aunque ese mismo hombre quede lisiado, arruinado o físicamente repulsivo, el amor de ella por él no disminuye. Estas dificultades pueden, de hecho, aumentar la modestia y la madurez de una persona y hacer de ella una persona mejor y más moral. Como resultado, su amor mutuo no hace sino fortalecerse.
Estas dificultades no afectan al amor verdadero porque el amor verdadero se basa en la moral del Corán y en el deseo de alcanzar la complacencia de Allah obedeciendo los límites que Él ha establecido para la humanidad.